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01September2014

¿Guerra, o conflicto social armado en Colombia?

Por Alberto Pinzón Sánchez

La insurgencia colombiana, como es fácil de comprobar en sus múltiples y numerosos comunicados, siempre ha tenido como referente jurídico-político para la caracterización del llamado oficialmente por el gobierno “conflicto colombiano”, la doctrina producida por la Convención de Ginebra, especialmente el artículo 1 del Protocolo Adicional II, que el Comité Internacional de la Cruz Roja ratificó escuetamente en su dictamen del 2008 así:

Conclusión: Sobre la base de este análisis (Convención de Ginebra 1949. Articulo 1 Protocolo Adicional II, y el DIH) el Comité Internacional de la Cruz Roja CICR propone las siguientes definiciones, que reflejan La firme opinión jurídica que predomina actualmente:

1- Existe un conflicto armado internacional cuando se recurre a la fuerza armada entre dos o más Estados

2.-Los conflictos armados no internacionales son enfrentamientos armados prolongados que ocurren entre fuerzas armadas gubernamentales y las fuerzas de uno o más grupos armados, o entre estos grupos, ,que surgen en el territorio de un Estado [Parte en los Convenios de Ginebra] . El enfrentamiento armado debe alcanzar un nivel mínimo de intensidad y las partes que participan en el conflicto deben poseer una organización mínima”. Dictamen del CICR, marzo de 2008.

Además, para mayor claridad y comprensión de la situación colombiana, la Insurgencia le agregó a esta caracterización un componente “histórico” (que está en proceso de clarificación) y una cualidad definitoria: es un conflicto armado pero al mismo tiempo social.

Sin embargo, esta unidad de criterio no ha sido la misma por parte del Estado colombiano, en donde abunda la confusión conceptual y se da un verdadero galimatías teórico estructural-funcionalista, que ha dado prelación al aspecto militar, en detrimento de su contrario juridico-politico acabado de mencionar, que por su peso e inercia de tantos años, ahora está cargando negativamente el avance de los actuales diálogos de la Habana en donde se está buscando terminarlo, como un todo.

No es el momento de hablar de la “obsesividad anticomunista” de la Oligarquía militarista colombiana y su acicate estadounidense para eliminar, “vía militar”, la insurgencia surgida de su afición al uso de la violencia política sectaria desde el Poder central, y, a su incapacidad (como clase hegemónica dominante) para resolver por medios políticos el “Conflicto Social” surgido de la inevitable y omnipresente lucha de clases, motor de las sociedades y de la Historia.

Bástenos aquí solamente mencionar el monstruoso aparato militar, con su correspondiente monstruo jurídico de códigos, edificados en Colombia en las últimas décadas con más de medio millón de soldados y policías, dotados con la última tecnología para la muerte por los EEUU, Inglaterra, e Israel, junto con los multimillonarios recursos financieros para su funcionamiento (por ejemplo el 6% del PIB conocido) dizque para enfrentar una insurgencia que el mismo ministerio de guerra colombiano cifra en no más de 10 mil guerrilleros solamente.

En su tenacidad por privatizar el Estado colombiano, demostrada a lo largo de toda la historia patria, es decir utilizar para fines privados las instituciones públicas, la Oligarquía dominante no ha podido resolver una segunda contradicción histórica que le ha deparado su dominio violento y sectario, que actualmente está lastrando aún más los avances en la mesa de la Habana: La contradicción entre lo público y lo privado. Y por eso tenemos no solo una llamada “Fuerza Pública”, guachimán de los intereses de un pequeño grupo oligárquico gobernante que se comporta en el territorio de Colombia como una fuerza de ocupación extranjera que para llevar a cabo el objetivo de derrotar militarmente a la Insurgencia, ha tenido que crear una “Fuerza Privada” colateral como son los Paramilitares de la familia Castaño y la familia Mancuso, quien privadamente hoy como en el año 2000 en el Caguán, pide ser “un tercer actor en la negociación”.

¿Qué se resuelve en la Habana: La llamada guerra en Colombia, o el conflicto social que es armado? La respuesta a esta simple e ingenua pregunta marca nuestro ingreso como colombianos al mundo civilizado y tan anhelado de la modernidad.

Los militares colombianos (ojo, en su mayoría) ya no están interesados como en la década de los 70 del siglo pasado en el reformismo militar de la Alianza para el Progreso del presidente Kennedy. Están muy interesados, eso sí, en los aspectos llamados “técnicos” de la confrontación militar actual y eso es lo que ha ido a discutir (a muy buena hora) el “guerrero” general Flórez con su comisión de Inteligencia militar.

El problema surge cuando se habla del Partido Comunista Clandestino (PC tres) que es una fuerza social clandestina pero existente y real, no un actor del conflicto como lo llama el galimatías oficial, que obsesionó al defenestrado general Puyana y que él identificaba con su ceguera anticomunista con el movimiento social y político “Marcha Patriótica”, a la que el Estado colombiano le ha causado hasta la fecha más de 40 “bajas” de dirigentes sociales y populares.

Y es tal la confusión que el galimatías teórico oficial (bis) ha creado que, hasta el mismo aparato mediático de propaganda del régimen le pide a la llamada Fuerza Pública una vocación reformista, de la que carece, para enfrentar lo que llaman el Post-conflicto ¿Cuál es la razón por la cual el aparato de propaganda del régimen le pide peras al olmo, sinó la confusión teórica?

Sería ideal que la llamada Fuerza Pública de Colombia ayudara a la solución del aspecto social del conflicto colombiano, no con los robots policiacos de la ESMAD y las bombas militares racimo arrojadas indiscriminadamente sobre la población civil en los campos y veredas colombianas; sino como una fuerza (no actor del conflicto como lo llama el galimatías oficial. Bis) que con sus experiencias de planificación y ejecución de proyectos, colaborase con el Departamento Nacional de Planeación, en lo que el galimatías oficial (bis) ha dado en llamar genéricamente como Post-conflicto

¿Post-conflicto militar, post-conflicto social, o, ambos? He ahí el dilema que se debe resolver pronto, aclarando el galimatías oficial (bis) existente, con el fin de continuar avanzando en la mesa de la Habana hasta el acuerdo final, no la paz negociada o negociación con la guerrilla, como lo llama el galimatías oficial (bis).

Fuente foto: Internet

 

Putumayo, ¿qué está pasando?

Una licencia ambiental que desplaza comunidades en más de 12 mil hectáreas; más de un mes en protestas; heridos que prefieren trasladarse a Ecuador por temor a retaliaciones; reuniones con representantes del gobierno sin capacidad de decisión; y catástrofe ambiental por vertimiento de crudo.

Putumayo sufre de ironía. Ubicado en un sitio estratégico de desarrollo por sus riquezas extractivas y en un lugar privilegiado por su exuberancia medioambiental, enfrenta altos niveles de pobreza, conflictividad social, crisis ambiental y agudización del conflicto armado.

Constituido por 13 municipios distribuidos en alto, medio y bajo Putumayo; con una población indígena agrupada en 14 grupos étnicos y 120 cabildos, Putumayo ha sido un laboratorio en el que las categorías de desarrollo sostenible, calidad de vida y bienestar, impulsadas por empresas y gobiernos locales, regional y nacional han significado cosas diferentes para las comunidades campesinas e indígenas.

Las comunidades han visto como, en lugar de desarrollo, calidad de vida y bienestar, lo que ha aumentado es la crisis social y ambiental reflejada en una fuerte descomposición y conflictividad social; daños y catástrofes ambientales; agudización del conflicto armado, militarización, paramilitarización y violación de derechos humanos. Todo a pesar de la fuerte inversión de empresas nacionales y multinacionales y la declaración del departamento en 2011 como distrito especial minero.

El departamento del Putumayo, uno de los más ricos y diversos del país, se encuentra en crisis hace mucho tiempo. Ha sido laboratorio de políticas que no han resultado bien.

Desde la política de fumigaciones masivas a cultivos de hoja de coca que incentivaron las marchas cocaleras en el 96, y que generaron la retaliación paramilitar por casi diez años en el departamento; el inicio del Plan Colombia en el año 2000; la implementación de la política de “Seguridad Democrática” en el 2002; la segunda fase del Plan Colombia en el 2003; el inicio del Plan Patriota en el 2004; el comienzo del Plan Consolidación en el 2010; la declaración del departamento como distrito especial minero en 2011; hasta la ampliación, en mayo de este año, de licencias globales ambientales otorgadas al consorcio Colombia Energy por la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) para la expansión y explotación de cien pozos más en los Campos Quinde, Cohembi y Quillacinga, jurisdicción del Corredor Puerto Vega-Teteyé, se podría decir que el departamento no ha tenido paz.

Acuerdos sin cumplimiento

En el departamento del Putumayo las protestas son comunes y los resultados siempre los mismos. Según líderes sociales, cada protesta realizada tiene el carácter de denunciar no solo nuevos hechos, sino el incumplimiento de acuerdos pactados en anteriores protestas. “Cada manifestación concluye en actas y compromisos firmados por el gobierno nacional, departamental y local con sus respectivas dependencias e instituciones competentes. Actas y compromisos que nunca se cumplen y que nos obligan a volver a levantarnos” señaló uno de los lideres de la Asociación Campesina del Sur Oriente del Putumayo (Acsomayo).

Y es precisamente por el incumplimiento de los acuerdos pactados desde 2006, y por la decisión de la Asociación Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) licencia 0551 del 30 de mayo de 2014, de permitirle al Consorcio Colombia Energy incrementar sus operaciones en más de 12 mil hectáreas en el corredor Puerto Vega-Teteyé (zona rural de Puerto Asís), que campesinos e indígenas se encuentran desde el 10 de julio sobre las vías impidiendo las labores de la operadora del consorcio Colombia Energy: la compañía Vetra, la misma que ha sido blanco de los ataques de las FARC donde obligan a derramar el crudo transportado en carrotanques.

Yuri Quintero, representante de la mesa regional de organizaciones sociales y coordinadora de la red de DDHH del departamento del Putumayo, manifestó que las protestas se realizan como denuncia de la violación a la consulta previa y las consultas populares, derechos que tienen las comunidades cuando serán afectadas por proyectos de desarrollo en sus territorios.

“Hasta el 2006 se habían hecho algunos compromisos en el que la explotación petrolera iba a ser limitada a 39 pozos. Se hicieron compromisos para inversión social limitando el impacto social y medioambiental de las excavaciones, pero esos compromisos fueron violados y, por el contrario, desconociendo la consulta previa, se amplió a la explotación a cien pozos más en el corredor, afectando a las comunidades en una extensión de más de 12 mil hectáreas de tierra, ya que la ley de licencias es clara en que alrededor de cinco kilómetros a la redonda del pozo no debe haber población”, aseguró Quintero.

“Los campesinos e indígenas del corredor Puerto Vega-Teteyé no están dispuestos a perder su territorio, no están dispuestos a seguir soportando el aumento del conflicto armado y la destrucción de los ecosistemas como consecuencia de la explotación petrolera”, indicó Quintero, y sostuvo que “por eso toman la decisión de pararse sobre las vías exigiéndole al gobierno la derogatoria de la licencia ambiental otorgada por el ANLA en mayo de 2014 que violó la consulta previa y la consulta popular, y ha agudizado el conflicto armado y la catástrofe ambiental producto del mismo”.

En la zona los enfrentamientos entre manifestantes y agentes de la Policía son constantes.

Yule Anzueta, integrante de la mesa regional de organizaciones sociales del Putumayo, denunció que hasta el momento son más de 30 los heridos por acción de agentes de la Policía. “El Esmad utiliza bombas aturdidoras armadas por ellos mismos con grapas, puntillas, tachuelas y vidrio picado que al explotar hacen mucho daño a lo que se encuentre a su alrededor (…) el gas que se lanza es un gas pimienta que afecta gravemente las vías respiratorias de los manifestantes”, dijo.

Para Yuri Quintero, una manifestación de la grave situación en la región es que los heridos prefieren trasladarse a Ecuador que llegar al hospital del centro urbano de Puerto Asís. “La Fuerza Pública le grita a los campesinos e indígenas cosas tan fuertes como ‘si vas a ir al hospital de Puerto Asís te vamos a picar’, cosa que aterroriza y llena de temor a cualquier persona”, aseveró Quintero.

La situación en el corredor Puerto Vega-Teteyé es grave. Una licencia ambiental que desplaza alrededor de 27 comunidades en un margen de más de 12 mil hectáreas; más de un mes en protestas; heridos que prefieren trasladarse al hermano país del Ecuador por temor a retaliaciones; reuniones con representantes del gobierno sin capacidad de decisión; y catástrofe ambiental por vertimiento de crudo sobre vías y afluentes son ingredientes de una aguda crisis social en el departamento.

Alrededor de unas 400 personas se mantienen bloqueando las entradas de acceso a la empresa Vetra, operadora del consorcio Colombia Energy. “Nos vamos a mantener en la vía hasta tanto el gobierno muestre real voluntad de buscar soluciones. Somos nosotros los que debemos beber el agua contaminada, somos nosotros los que debemos andar por los caminos y potreros destruidos, somos nosotros quienes vemos morir ganado, peces, gallinas y demás animales como consecuencia de la contaminación. No vamos a permitir la ampliación de la licencia ambiental; permitir eso es aceptar que la contaminación, el desplazamiento y el conflicto crezcan cada día más”, manifestó uno de los habitantes de la zona.

“Es necesario abrir espacios de dialogo y debate donde se revisen las propuestas y se lleguen a las mejores soluciones. Hasta el momento se han dado tres espacios, pero lamentablemente no se ha llegado a ningún fin porque siempre asisten delegados sin capacidad de decisión. Tenemos propuestas y estamos esperando que el gobierno se siente con seriedad y ánimo de llegar a acuerdos. Nosotros que somos los más afectados estamos preparados”, dijo Yuri Quintero.

Por lo pronto, las comunidades se mantienen en las vías expectantes a las decisiones del gobierno y los movimientos del Esmad, la Policía, los agentes de civil, que se escudan entre ellos, y los militares de la Brigada de Selva #27 que se mantienen en la zona.

En el corredor Puerto Vega-Teteyé se ha decretado paro y desde allí se ha convocado a un paro departamental para el próximo 30 de agosto.

El Basilisco anticomunista de Laureano Gómez

Por Alberto Pinzón Sánchez

Foto: Alberto Lleras y Laureano Gómez firman el pacto del Frente Nacional 1957. Fuente colarte.com

La estrategia “electoral” de Laureano Gómez, el caudillo falangista del partido Conservador, tiene su origen en el triunfo del partido Liberal en 1930, que insinuó algunos pequeños pasos hacia la separación entre la Iglesia y el Estado, unión establecida férreamente en un Concordato, durante el llamado por los historiadores oficiales “periodo de la regeneración y la hegemonía conservadoras”, iniciado en 1886 por el ex liberal Rafael Núñez.

En 1939, concluida la guerra civil española y triunfante el nacional catolicismo de Franco; Laureano Gómez azuzado por los sectores más ultramontanos del clero colombiano (caja de resonancia del clero español) y apoyado por la prensa del ruidoso, agresivo y fatuo grupo de los auto-denominados “leopardos conservadores”, convirtió para fines puramente electorales, aquellas insinuaciones laicas en Colombia, en una “amenaza nacional contra nuestra santa y patriótica madre Iglesia”, parte inseparable del complot mundial adelantado después de finalizada la Primera guerra mundial y ocurrida la revolución bolchevique, por la masonería mundial, la ideología del liberalismo y el comunismo internacional, objetivos de la destrucción militar de Hitler.

Triada que en Colombia se constituyó en el ariete político ideológico violento del partido conservador contra las tímidas reformas iniciadas por el partido Liberal, especialmente las reformas sobre la tenencia de la Tierra promulgadas por López Pumarejo, quien después de tan tremenda ofensiva reaccionaria debió entregar el Poder en 1945 al virrey norteamericano Lleras Camargo, para que profundizara en Colombia el encuadramiento “anticomunista occidental y cristiano”, iniciado en el continente americano por el Imperialismo anglo-sajón una vez concluida la segunda Guerra Mundial, con el “acta de Chapultepec” firmada el 8 de marzo de 1945.

La lucha de clases y el proceso político colombiano que la reflejaba en aquellas fechas, se precipitó en Colombia con la división en el seno del partido Liberal entre una fracción de Izquierda representada por el dirigente popular J.E Gaitán y la fracción oficialista de Gabriel Turbay, que en medio de una creciente violencia política, le abrió paso, en 1946, al triunfo electoral del candidato conservador laureanista Ospina Pérez, seguido por la “conservatización chulavita” del aparato estatal que condujo, el 9 de abril de 1948, al magnicidio político de J.E.Gaitán y al llamado “Bogotazo”, con su extensión posterior a todo el territorio de Colombia.

Ese fatídico día de la historia colombiana, Laureano Gómez quien se encontraba plácidamente en su casa horneando “pandeyucas”( como suele suceder con estos personajes) ante la presencia de “la chusma gaitanista” salió huyendo apresuradamente de su casa para refugiarse, obviamente, en la España cañí de Franco, donde permaneció 14 meses perfeccionando en terreno, su nacional catolicismo o Falangismo, hasta el 24 de junio de 1949, cuando ante una fanatizada manifestación conservadora que salió a recibirlo en el aeropuerto de Medellín, le dio vida al monstruoso Basilisco que durante los siguientes 65 años devoraría a los colombianos, así:

(…..) “Nuestro Basilisco camina con pies de confusión y de ingenuidad, con piernas de atropello y de violencia, con un inmenso estomago oligárquico; con un pecho de ira, con brazos masónicos y con una pequeña, diminuta cabeza comunista, pero que es la cabeza. Este es el resultado de una elaboración mental. Es la deducción que se hace de la consideración de los últimos hechos del país, con el cuidado con el que un químico en un laboratorio seguirá la trayectoria de las reacciones para sacar la conclusión; así tenemos que el fenómeno mayor que ha ocurrido en los últimos tiempos, el 9 de abril, fue un fenómeno típicamente comunista, pero ejecutado por el Basilisco. La cabeza pequeña e imperceptible, lo dispuso, y el cuerpo lo llevó a cabo para vergüenza nacional.

Todos vosotros sabéis que el fenómeno actual del mundo es la sucesiva caída de unos países y otros, tras el telón de acero. Ahora bien: esa caída se ha producido sin ninguna excepción en todos los casos, por el procedimiento del Basilisco: una aglomeración, el Frente Popular como se llamó en tiempo la confusión de las Izquierdas donde la pequeña cabeza comunista no es perceptible, va adelantando con esos pasos tenebrosos conque está caminando en Colombia, hasta que llega el momento en que el telón cae definitivamente y las naciones unas tras otras sucumben en la más terrible destrucción. Ahora bien: para los colombianos todos, pero muy particularmente para los conservadores, la vida sin libertad no vale la pena ser vivida. La libertad no es un hecho, la libertad No es un derecho siquiera. La libertad es una recompensa y solo la disfrutarán los que saben merecerla. Por eso con inmenso júbilo vengo a unirme a vosotros en la alegre, la decisiva, la enérgica y fuerte lucha de salvar la libertad amenazada en Colombia como nunca antes estuviera, para decirle al país y deciros a vosotros que la única solución que tiene la Patria es la solución conservadora, porque cualquiera otra que se vislumbre aún dentro de la perspectiva más remota, ocasionará indefectiblemente la ruina de la libertad y la muerte de la República”…. (1).

 

Fuente imagen Wikipedia

Así, la efectiva imaginación política y electoral del ingeniero Laureano Gómez, convirtió la lagartija americana que el biólogo Lineo clasificó en 1758 como Basiliscus basiliscus, en la monstruosa quimera de la mitología griega, mitad reptil mitad gallo que la mente mística del santo español Isidoro de Sevilla, en su miserable celda monacal, imaginaba nacido de un huevo de gallina empollado por un sapo que mataba con su mirada y su aliento pútrido; quimera afianzada en Colombia gracias a dos tradicionales leyendas que la ideología religiosa colonial española impuso sobre la ignorancia popular: la leyenda del “bujío negro” extraída del güio, boa, o anaconda ( Eunectes marinus) serpiente gigantesca de olor cadavérico existente en las llanuras y selvas colombianas que devora íntegramente a sus presas, y la ingenua pero no menos terrorífica tradición del “coco” ( arrurú mi niño) que devora a los niños que no se duermen por dedicarse al vicio solitario.

Pero lo más destacable de la quimera anticomunista de Laureano, fue que en la realidad (actualmente en evidencia histórica) terminó por un efecto de inversión en espejo, convertido en un Basilisco que en 70 años de guerra contrainsurgente y anticomunista ha devorado más de un millón de colombianos, expropiado millones de hectáreas de tierra a millones de campesinos, y convertido la tan citada palabra “libertad” en una serie de dictaduras: la de Mariano, de Laureano, de Rojas Pinilla, las dictaduras bipartidistas del Frente Nacional y siguientes de la Seguridad Nacional ; dotado de una pequeña cabeza anti-comunista o mano negra, dos patas poderosas sobre las que se asienta, una el partido anticomunista armado, o ejército colombiano sostenido por el gobierno de los EEUU y otra, el bipartidismo liberal-conservador de la dictadura del Frente Nacional. Un pecho resistente a todo viento adverso o aparato mediático de propaganda llamado cínicamente por ellos mismos “efecto teflón”. Dos alas membranosas que lo sostienen en equilibrio; una, la banca financiera trasnacional y la otra, el latifundismo pre-moderno. Una barriga o buche oligárquico (esto si sigue igual a lo imaginado por L.G) y finalmente una larga y lenta cola burocrática de yupis palaciegos al servicio de la junta administradora del Estado dirigida por el Presidente de turno.

Esta es la sorprendente y real historia política colombiana sobre la ficción del Basilisco anticomunista, diseñado por el ingeniero y caudillo falangista y Conservador colombiano, Laureano Gómez.

(1) Henderson, James. Cuando Colombia se desangró. El Áncora Editores. Bogotá. 1984. Página 168.

 

Persistir en la lucha por el comunismo

Por Nelson Lombana Silva

(Ibagué, agosto 26 de 2014) Por unanimidad se nos fue conferida la responsabilidad de ocupar la secretaria general del Partido Comunista Colombiano, local de Ibagué, Tolima. Un reto singular en un momento crucial de la vida de la ciudad musical de Colombia y de la lucha revolucionaria cruzada por la gran expectativa de un proceso de paz que se discute con mucha tenacidad, decisión y esperanza en territorio libre de América, La Habana (Cuba).

No hay bandera más sublime de blandir que la defensa a ultranza de los estatutos, el programa y la línea política de los comunistas, con ideas, solidaridad, tolerancia y firmeza, siempre en la sana dinámica dialéctica de hacer coincidir la teoría con la práctica. No hay otro camino posible. El método marxista – leninista no es infalible, pero es el método correcto para concretar el plan estratégico de los comunistas.

El desafío es mayúsculo, si consideramos el trabajo desarrollado por los y las camaradas durante los dos años anteriores. No fue un trabajo perfecto, pero sí altamente meritorio y ejemplarizante. Supieron mantener la unidad del Partido y desarrollar un crecimiento porcentual admirable y digno de destacar. Si bien el esfuerzo y la lucha profusa fueron colectivos, resulta positivo emular la gestión del saliente secretario general del local, camarada Rodrigo López Oviedo. Supo con tenacidad conducir la nave en el mar embravecido con prudencia, constancia y firmeza. No claudicó. Tampoco vaciló.

Una de sus muchas actividades que planteó y desarrolló con preocupación fue precisamente el estudio permanente de los Estatutos. En cada ejecutivo se estudiaba un artículo, se discutía colectivamente la interpretación y el significado de este en el avance del desarrollo teórico del Partido. Parece algo elemental. Pero a nuestro criterio, fue algo fundamental.

Representó al Partido con firmeza. En los debates radiales con los denominados "uribistas pura sangre" estuvimos en primera línea debatiendo con argumentos, decencia y firmeza. Pero sobre todo, siempre representando al Partido. El camarada López Oviedo dio cátedra de coraje, firmeza y consecuencia.

Así las cosas, el reto que hemos asumido no son de poca monta, tienen una profunda significación política e ideológica que asumimos con la misma franqueza que nos ha caracterizado: Fiel a los principios y convencidos que lo más hermoso del Partido son las acciones planificadas colectivamente.  No colocamos en duda la vigencia de los principios leninistas de organización y la esencia doctrinaria, humanista y científica que encarna el comunismo.

Los grandes desafíos

Ibagué es una ciudad intermedia con 600 mil habitantes, más de 600 barrios y más de 148 veredas, cruzada duramente por el nefasto modelo neoliberal que da como resultado una crisis profunda e integral. Integral en cuanto tiene varias acepciones: Social, Económica, Política, Ideológica, Ambiental y Cultural. La administración municipal hunde el acelerador en la privatización del Ibal y otros entes públicos. La movilidad es caótica y la crisis sobre el recurso hídrico se ve en la corta distancia con mucha claridad.

Los servicios públicos domiciliarios son generalmente de mala calidad y altamente costosos. En esta ciudad hay comunidades que se están muriendo de física inanición o están calmando el hambre con bóxer y alucinógenos. Es evidente la crisis hospitalaria. Nuestro hospital regional Federico Lleras Acosta agoniza y no propiamente por fatalidades inexorables de la vida, sino por la implementación a toda máquina de la política neoliberal.

El régimen no aborta la posibilidad de privatizar la universidad del Tolima en su totalidad. El fantasma de las multinacionales y transnacionales recorre la ubérrima región campesina ibaguereña en busca de las últimas reservas de metales preciosos al precio de acabar con el ambiente en su conjunto.

Hay un alto índice de analfabetismo político. Todavía el común del pueblo cree que una cosa es la política y otra lo social. Y lo más grave: Que entre una y la otra no hay relación. Prueba es que el pueblo vota por los mismos en medio de sus continuas lamentaciones de que no tiene trabajo, que hay corrupción y que esa clase dirigente nunca les cumple con las promesas. Una especie de resignación y fatalidad les impide asumir una posición crítica y analítica.

Ese es el panorama de la ciudad musical de Colombia contado a groso modo. En ese ambiente hosco se desarrolla el Partido Comunista. Como la postura del Partido no es contemplativa, sino revolucionaria, pues se desprende fácilmente la conclusión del enorme desafío de los comunistas. Es decir, no se trata de contentarnos con el simple diagnóstico, hay que hacer propuestas creíbles y liderarlas con decisión, carácter y precisión dialéctica.

Por eso, son actividades prioritarias, entre otras: La unidad y cohesión del Partido, la fraternidad y la vocación de lucha. Diciendo y haciendo. Bienvenida la crítica en la práctica, en la acción permanente. Con razón dice el camarada Edgar Sánchez Cortés: "Tenemos 600 mil ibaguereños por seducir con nuestro discurso". La lucha por la paz con justicia social, no es una frase de cajón. Es una prioridad. Hay que hacer pedagogía por la paz como bien lo dicen los camaradas Carlos A. Lozano Guillén y Aida Avella Esquivel. Hacer pedagogía por la paz significa hacerle caer en cuenta al ciudadano común y corriente que los diálogos de la Habana tienen que ver con él, con su futuro y el futuro de su familia, amigo y relacionado. Impulsar el frente amplio y democrático por la paz. No perder el horizonte de que la unidad nos hace invencibles.

La defensa del ambiente. El Partido debe seguir planteando la urgencia de preparar un paro cívico contundente enfilado a rechazar la megaminería en el área rural de Ibagué, Tolima. Para ello, debe meterse de lleno en el comité ambiental del Tolima con sede en Ibagué, con iniciativas propias, tratando de buscar consenso de que la lucha es ambiental pero también política. Hay que buscar la coherencia. Porque resulta contradictorio estar de acuerdo con la defensa del ambiente y apoyar las políticas neoliberales.

El tema relacionado con la comunicación no es tampoco de poca monta, ni un simple tema accesorio. Debe ser una preocupación prioritaria. En ese sentido, los medios alternativos juegan un papel fundamental en el terreno de la batalla ideológica. Hay que acercar más al ibaguereño al semanario VOZ La verdad del pueblo, a la Revista Taller y a las páginas web: www.pacocol.org y www.semanariovoz.com. Si en el siglo pasado era analfabeto el que no sabía leer y escribir, en este siglo es el que no sepa medianamente relacionarse con el internet. Tampoco la cultura es un tema accesorio y de poca monta. La poesía – por ejemplo – es un arma de lucha revolucionaria como lo es la prosa, el arte, etc.

Todas esas iniciativas y propuestas (seguramente algunas quijotescas) se podrán desarrollar en grado sumo, solo con un Partido organizado, cohesionado, respetuoso, ético, unido, solidario, con profunda capacidad de asombro. Es decir, un Partido marxista – leninista. Sin pretender llegar a la perfección, debemos caminar decididamente hacia allá. Gracias a todas y a todos por ese voto unánime de confianza. Esperamos no defraudar. Y como dijo alguien: "Enseñar más con el ejemplo que con la palabra".

UNO DE LOS MUCHOS SABADOS EN PRISION

Por: Camilo Insuasty Obando



No recuerdo el día exacto en que entré a una cárcel, pero si recuerdo con precisión cómo transcurrió ese día, que sería el punto de partida que emprenderíamos junto a mi familia para alcanzar nuestra libertad, nuestra libertad, ya que solo uno de nosotros estaba tras las rejas pero todos sufriríamos las dos caras de la cárcel, el afuera y el adentro.


Ese sería el primero de muchos sábados en los que entrar a la cárcel para visitar un familiar sería más que un derecho, un verdadero logro. Y es que el ser familiar de un recluso ya te mete directamente al juego que quiere el INPEC (Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario), escuadrones con  uniforme azul, que solo los había visto en televisión. Desde ese día en adelante tendríamos que aprender a sortear cada condición, cada arremetida y cada humillación por parte de la guardia de la cárcel, que era mucho más que la guardia y la cárcel.  En realidad la prisión era su imperio, ellos los emperadores y nosotros el enemigo.


En las interminables filas que se extendían decenas de metros desde la puerta principal de la cárcel, se encontraban personas (sin importar el inclemente sol o la lluvia) venidas de todas partes de la ciudad y algunas de otras regiones, personas de diferentes clases sociales, con diferentes formas de ver el mundo, en algunas se notaba que llevaban vidas cómodas, otros llevaban marcas y cicatrices que delataban su lucha diaria por la supervivencia, en todo caso, un ambiente de camaradería y solidaridad se percibía en la fila de ingreso, ya que las diferencias no importaban. El único objetivo tanto del rico como del pobre era poder entrar.

Pero como la corrupción en esté país esta inmersa en todas las esferas y espacios sociales, la cárcel no es ajena a ello y las personas con mayor estatus social y recursos económicos claramente tenían privilegios como: ingresar gran cantidad de alimentos y utensilios (los cuales sobrepasaban el limite de lo permitido a los demás), entrar más rápido, entrar sin hacer fila y demás. Eran las desigualdades entre unos y otros y eso que era solo para entrar.


Ese día sería el primero de muchos en los que vería cómo las personas debían botar la comida que llevaban a sus familiares, cómo la guardia les impedía el ingreso a personas provenientes de Antioquia, Valle, Tolima, Huila y muchas más regiones alejadas, a quienes después de un largo viaje en carretera les decían entre otras cosas que no estaban registrados, que faltaba un sello, que no estaban en el visitor (lista en que los internos inscriben a las personas que pueden visitarlos), era un sinfín de excusas que literalmente dejaba a las personas perplejas de la tristeza y sin poder ver a sus familiares.


Para visitar a un pariente o amigo en la cárcel primero debes registrarte en el sistema del INPEC para que te den tu número de entrada que se asigna por orden de llegada 500, 600, 650 era el número para alguien que como yo llegaba a las afueras de la cárcel a las 9:00 o 9:30 am, ahí era cuando uno se enteraba que muchos de los que estaban adelante habían llegado desde las 4:00 a.m., por ejemplo. Las filas se mueven con lentitud y después de las 11 de la mañana si no alcanzabas a entrar, entonces tendrías que intentarlo hasta el próximo sábado.


Es interesante ver cómo en Colombia, a pesar de las grandes dificultades y la drástica represión, sus habitantes están aún con la firme convicción de salir adelante, por ello la cárcel representaba también una oportunidad de rebuscarse algo de dinero y éramos testigos de la cantidad de personas trabajando a las afueras de la cárcel, vendiendo alimentos, tomando fotografías para las reseñas del INPEC, guardando correas, chaquetas y demás artículos que no estuvieran permitidos, por supuesto que con el tiempo, el INPEC desalojó a estas personas de las inmediaciones de la cárcel.


Ya adentro el drama se intensificaba, el tratamiento era cada vez más hostil por parte de la guardia, el lema que estaba en la entrada “tu dignidad humana y la mía son inviolables” quedaba solo escrito en la pared, para el (INPEC) eras un intruso y buscarían cualquier excusa para desestabilizarte, es una clara tendencia a la guerra psicológica. En dos oportunidades quisieron obligarme a desnudarme sin ninguna justificación y sé de casos de mujeres quienes tuvieron que desvestirse arbitrariamente. Muchas veces nos obligaban a sacar y botar la comida o a comernos lo que estaba “prohibido”. Ilógicamente, para el INPEC los artículos no permitidos cambiaban cada semana. En otra ocasión, me acusaron falsamente de saltarme uno de los filtros caninos, recibiendo gritos e intimidaciones. Las requisas eran intensas y quienes las realizaban al tiempo hostigaban a las personas con preguntas y maltratos. La espera era eterna y finalmente luego de unas 3 o 4 horas estabas ante la última puerta que separa la cárcel dentro de la misma cárcel. Detrás de aquella puerta están madres, hermanas, esposas, hijas, amigas y ese es un hecho invisible para la sociedad, puesto que para la gran mayoría son solo “delincuentes”.


El ambiente siempre es muy agotador al interior de un patio carcelario, sin necesidad de ser claustrofóbico te sientes asfixiado y muy pocas veces tienes motivos para sonreír en un lugar donde el tiempo pasa exageradamente lento.


Quieres salir de ahí, la felicidad de ver a tu ser querido es contrarrestado por el estrés vivido durante el día.  Si unas pocas horas parecen interminables dentro de la cárcel, imaginarse 4, 5 años o incluso 30 o 40 realmente es muy difícil. Es duro ponerse en esos zapatos y aceptar esa cruda realidad. El tiempo de visita era corto y estremecedor, intentabas pensar en las cosas positivas y te interesabas por conocer aquello que nunca habías conocido, y era el mundo carcelario. Las condiciones en las que las prisioneras vivían y viven dejan mucho que desear. Si bien la cárcel de mujeres el Buen Pastor no presenta las condiciones extremas de las cárceles para hombres y/o otras cárceles, ésta también presenta hacinamiento. Las celdas en que dos o más prisioneras deben dormir y vivir son de un espacio exageradamente reducido. El servicio de salud es pésimo, por no decir que nulo.  Así mismo como los espacios de bibliotecas, recreación, aseo y demás son bastante precarios. Pero ahí estábamos compartiendo el drama, tanto de quienes estábamos afuera como los que estuvieron, están y estarán adentro.


Las visitas terminaban demasiado pronto, querías estar un poco más, una hora o dos pero el INPEC con bastante rapidez desocupaba el patio y eran esos, los últimos instantes, con más  afán que emotividad, los que marcaban el cierre de la jornada. Al cerrarse la puerta estabas listo para salir. Había filas al igual que cuando entrabas pero ya la guardia no era tan rígida a esa hora del día, aunque sí demorada. Ya no hay registro de lo que queda atrás, solo hay una puerta y tras ella hay muchas vidas truncadas, luchando, tratando de sobrellevar el olvido y el encierro, tratando sólo tratando, de llevar una “vida normal”.


Estabas de nuevo afuera de la cárcel, respiras entonces un momento antes de emprender  el camino. El mundo sigue igual, los carros circulan, las familias pasean, nada se detiene. Todo parece estar en la relativa normalidad de siempre. Para el afuera no existe la cárcel, pasas y la miras desde lejos, es como si se dejara morir a su suerte a cientos de personas, ciertamente lo es.


Pero desde ese día yo vería con otros ojos la cárcel, ese sería el primero de muchos sábados en los que estaría allí, ya que las crueldades, la injusticia y la persecución que tan frecuentes son en Colombia había tocado nuestra puerta arrebatándonos a nuestra madre Liliany Obando, en una tarde de agosto del 2008.  Su compromiso por alcanzar mejores y más equitativas condiciones de vida para muchos colombianos le había costado el señalamiento del Estado, la indiferencia de muchos a quienes consideraba “cercanos” o “amigos” y posteriormente el encierro.


Como familia y como muchas familias más, vivimos a la par el encarcelamiento de nuestros familiares. El drama se vive con igual intensidad tanto por los que estamos afuera como los que están adentro. Cuando uno de los tuyos es privado de la libertad, el nucleó familiar cambia drásticamente y en un país donde el gran número de hogares está compuesto por madres cabeza de hogar, se vuelve realmente difícil sobrellevar la cotidianidad y prácticamente sobrevivir cuando es la madre quien está tras las rejas.


Fue así como pasaron los años empapándonos cada vez más de las difíciles realidades que crea un Estado leviatán, indolente y represivo.
Pero las condiciones adversas también trajeron consigo aspectos positivos como la solidaridad dentro de la misma familia, la toma de conciencia, la lucha por los derechos, el ser reflexivos ante las dificultades de miles de colombianos quienes están privados de la libertad y sus familias.


Si lo que se buscaba con el encarcelamiento era generar miedo, en las familias colombianas, esto ha tenido un efecto contrario, las ha armado de valor y firmeza y cada fin de semana, a las afueras de todas las cárceles del país estarán ahí con dignidad y templanza envidiables.

Radio Café Stéreo es una emisora AJPL (Asociación Jaime Pardo Leal).
Debido a que en Colombia no existe eso que llaman libertad de expresión, ya que al que opine diferente, lo encarcelan, desaparecen o asesinan, transmitimos desde Suecia para todo el mundo, via internet.